¡Hola!
La respuesta de @gestionafácil es una radiografía muy buena para empezar a descartar. Sin embargo, cuando una tienda con estabilidad sufre un bajón notorio y repentino, casi siempre se debe a un «disparador único» que rompió el hábito de compra de los clientes habituales.
En tal sentido, es necesario profundizar en el análisis. Propongo sumar tres preguntas clave:
-
¿Se rompió la consistencia? A veces no es que el personal atienda mal, sino que cambió el horario de apertura por unos días, o el dueño (que era el alma del negocio) ya no está al frente. El cliente fiel busca predictibilidad; si va dos veces y encuentra cerrado o no ve la cara conocida, cambia de ruta.
-
¿El algoritmo te invisibilizó? Si los clientes te descubrían o recordaban por Google Maps, redes sociales o WhatsApp, una falta de actualización o una reseña negativa oculta puede desplomar el tráfico digital hacia la tienda física de la noche a la mañana.
-
El factor «Fatiga del Formato»: ¿El negocio se siente exactamente igual que hace cinco años? A veces no es que el sector o la zona cambie, sino que la propuesta visual o la forma de vender se volvió invisible para el consumidor actual.
Jean, además de hablar con tus clientes habituales, haz este ejercicio: entra a tu tienda hoy como si fueras un completo desconocido.
¿Qué es lo primero que ves, hueles y sientes? Ahí suele estar la respuesta que el día a día nos oculta.
