Colegas
Me parece clave sumar una mirada desde el cliente al mapa de procesos. Muchas veces se dibuja el flujo interno, pero se pierde de vista cómo lo vive quien compra.
Un ejercicio útil es superponer el proceso con los “momentos de contacto” (desde que el cliente descubre la marca hasta la postventa). Ahí aparecen cosas interesantes: tiempos de respuesta en redes, claridad en la información, seguimiento después de la compra… que también son procesos, aunque no siempre estén documentados.
Si logras conectar tu mapa de procesos con la experiencia del cliente, no solo detectas cuellos de botella operativos, sino también puntos donde puedes diferenciarte y generar mayor conexión. Y eso, en mercados competitivos, marca una gran diferencia.