Hola, Frank.
Te propongo trabajar en tres frentes:
1️⃣ Define la “promesa emocional” de tu servicio.
No solo qué haces, sino cómo quieres que el cliente se sienta. ¿Tranquilo? ¿Sorprendido? ¿Acompañado? Cuando eso está claro, el equipo entiende que no vende un producto, sino una experiencia.
2️⃣ Alinea el discurso online con la experiencia real.
Si en redes prometes rapidez y cercanía, pero el cliente recibe respuestas frías o lentas, ahí nace la queja. Revisa mensajes automáticos, tono de WhatsApp, emails, respuestas públicas. La coherencia reduce fricción.
3️⃣ Usa testimonios como termómetro.
No solo midas satisfacción, analiza el lenguaje que usan tus clientes felices. Ahí están las pistas de lo que realmente valoran. Replicar eso de forma consciente ayuda a estandarizar la experiencia desde lo emocional.
Cuando la calidad se convierte en parte del ADN de la marca (y no solo del manual interno), el equipo empieza a actuar con más criterio propio… pero dentro de un marco claro.