Hola Pablo, te doy un enfoque práctico: leer un balance rápido también es cuestión de estructura y claridad interna.
Tres pasos para no perderse:
-
Divide y conquista: separa activos, pasivos y patrimonio, y dentro de cada uno, identifica lo que es “operativo” vs. “no operativo”.
-
Detecta cuellos de botella: mira dónde hay recursos inmovilizados demasiado tiempo (inventarios lentos, cuentas por cobrar largas).
-
Relación con la operación real: si los números muestran mucho dinero atascado o deuda creciente, revisa los procesos que lo generan; a veces el balance refleja problemas de gestión más que de finanzas.
Un balance bien leído puede ser un radar para mejorar procesos y no solo un documento contable.